Mis hojas son caducas y plateadas, como vivo cerca del agua, en ríos y zonas pantanosas, crezco muy rápido, puedo llegar hasta 30 metros de altura. Mi sombra es muy apreciada en verano, cambio de color en otoño de verde-plateado a naranja-ocre y dejo pasar los rayos de sol en invierno dejando un manto protector a mis pies. Mis flores no son muy vistosas, con un penacho amarillo, pero se ven porque aparecen antes que mis hojas y anuncian la primavera.
Tengo una raíz principal recta que sostiene mi cuerpo entero, pero multitud de raíces secundarias muy largas de las que pueden brotar nuevos álamos.
Mi tronco llega a ser grueso, tengo la corteza lisa, blanquecina, gris, fisurada, más oscura en la base, con las cicatrices negruzcas de antiguas ramas. Toda una paleta de colores.
El álamo blanco fue denominado como populus alba en latín por Carlos Lineo en 1753 por ser un árbol “popular” por su abundancia y “alba” que significa ‘blanco’, por el color blanco de la cara inferior de las hojas.
Rosana recuerda de su infancia en Xeraco, donde ha vuelto tras un periplo, los veranos bajo la alameda camino del grao donde su familia tenia una pequeña casa de labranza en la dehesa cerca del agua dulce, estanques circulares de reducidas dimensiones y cierta profundidad surgidos por el manantial de numerosos “Ullals”. Los Ullals, son fuentes de agua dulce que surgen del subsuelo, un fenómeno natural típico del litoral valenciano y muy vulnerable a la acción humana.
Dentro de los ecosistemas del marjal, los Ullals tienen una gran importancia ambiental al contar con agua de calidad durante todo el año, incluso en años de fuerte sequía. Aquí podemos observar vegetación de ribera como el álamo, el tilo o el sauce, así como flora típica del marjal, y donde habitan diferentes especies de aves, como el ánade real o la garza.
Descubre su historia
A los once años, siendo estudiante de la Escuela de Música de Xeraco, se eligieron algunos alumnos para iniciarles en el violín y fomentar así la cuerda en un entorno musical dominado por las bandas, es decir, instrumentos de viento y percusión. Ella fue una de las personas elegidas y ya no lo ha dejado nunca. Era todo un reto pues debía conocer el instrumento, usar su mente para conectar ideas y sonidos hasta dominar el funcionamiento del violín, lo cual requiere disciplina, respeto por el instrumento y una carrera de quince años. Por supuesto que hay momentos bajos, pero su álamo blanco de la infancia cuenta con propiedades curativas. Las llagas y otras heridas menos graves pueden curarse utilizando el agua de cocción de sus hojas para lavar las mismas. Así que los veranos bajo los álamos siempre han tenido el poder curativo en ella para continuar.
A Rosana los retos la motivan desde entonces. Durante 23 años ha sido profesora de violín, ha realizado muchos proyectos grupales, fundando y dirigiendo orquestas de cuerda como la de la Unión Musical de Xeraco, la de Unió Musical Sant Francesc de Borja. Ha sido jefa de departamento de cuerda del Conservatorio de Gandia y del de Albaida. Ha viajado con las orquestas por diferentes auditorios y esto le ha permitido ver mundo. Ahora reside de nuevo en su lugar de origen. Sin dejar nunca su violín, que toca con su grupo de amigas del Cuarteto Mnemea, lleva el área de comunicación en el Colegio Profesional de Ingenieros Técnicos de Telecomunicación de la Comunitat Valenciana y además educa y asesora financieramente a personas en el ámbito personal, en especial, dirigido a trabajos y áreas de difícil reconocimiento profesional como son las creativas en general, donde a la gente le cuesta hablar de dinero, como si fuera un tabú, pero ¡hay que vivir! Precisamente el álamo blanco, según los antiguos druidas, sus yemas y hojas se llevaban encima para atraer al dinero.
Lo que más la sigue apasionando es el trabajo en equipo. Nadie pensaría ahora que Rosana es una persona tímida fuera del escenario o del conservatorio. “La música me transforma, soy otra persona”. De todas formas, su capacidad de escucha empezó bajo esos álamos blancos, tumbada en el suelo observando la luz reflejarse en las hojas plateadas, escuchando en silencio la música de la naturaleza, del viento entre las ramas, de los pájaros e insectos. Desde esa posición se ven cosas que no se ven desde lo alto. La observación y el silencio son fundamentales para que una orquesta pueda tocar al unísono. Parece mágico, pero hay mucho trabajo previo: esquematizar las diversas tareas para después unirlas en sincronía.
La sociedad actual quiere resultados inmediatos y a veces nos presionamos sin darnos cuenta de que tocar un instrumento es una carrera de fondo, con altos y bajos, desesperación a veces, compromiso siempre y recompensa cuando del silencio surge la música perfecta. La escucha atenta solo se puede dar tras el silencio que nos permite escucharnos a nosotras mismas y a quienes nos acompañan, en perfecta armonía. No hay nada mas hermoso.








