Mi copa está muy a lo alto donde las ramas de un verde oscuro se levantan hacia el cielo dejando que sea el tronco el que nos deslumbra, especialmente a la luz de la luna. Las flores no son vistosas, pasan desapercibidas, al igual que el fruto, cuyas semillas resisten dos años antes de germinar.
Mis raíces se mantienen conectadas entre todo el sabinar a través de una red que alimenta la comunidad, con un alcance mucho más grande del que vemos a ras del suelo.
Mi tronco es poderoso pero de corteza estriada y suave al mismo tiempo, se deja abrazar.
Beatriu habría podido elegir el olivo como su árbol, el que rodea los campos de su Cocentaina natal. Pero ha elegido la sabina, entre otras cosas, por ser un árbol que vive en comunidades, los sabinares y por su carácter: «pienso que hay que trabajar por una vida mejor aunque nosotras sabemos que no la viviremos. Nuestra semilla es rotunda, pertinaz y resistente.«
En las redes y en la prensa se define como Portavoz de la STEPV Intersindical Valenciana, Maestra de inglés y feminista. Estudió en la Universitat de València en la Facultad de Filología Traducción y Comunicación, es profesora de inglés en la misma universidad y, desde noviembre del 2021, portavoz del Sindicato de Trabajadores y Trabajadoras de la Enseñanza del País Valenciano (STEPV Intersindical Valenciana), el sindicato más votado por el profesorado valenciano.
¿Qué tienen las sabinas que puede servir de ejemplo a una persona comprometida con la sociedad?
Descubre su historia
Ha elegido la Sabina Albar por el sabinar de Puebla de San Miguel en el Rincón de Ademuz, allí las denominan Las Blancas, por el color que, especialmente en días de luna llena, refleja su tronco y parecen las guardianas del silencio de las montañas. El clima al cual se adaptan estos árboles suele ser extremo, frío y heladas en invierno, calor y sequía en verano… pero resisten. Beatriu fue especialmente allí para poder abrazar las sabinas de tronco poderoso pero de corteza estriada y suave al mismo tiempo. El aroma al abrazar estos árboles que han resistido el paso del tiempo es de limpio, nos dice Beatriu. El contacto con la sabina me da fuerza y al mismo tiempo me conecta con una sabiduría ancestral. Nacida a los pies de la Sierra de Mariola, Beatriu se afana también para recuperar el valor de las flores y las plantas en la alimentación, la cosmética y la medicina antigua. Lamenta no haber apuntado en su momento en un cuaderno esta sabiduría que suele pasar de yayas a nietas, de madres a hijas, pero está recuperándola y me comenta sobre el aceite de árnica, que necesita tres años de maceración. Entendemos por ella misma dice que la paciencia es fundamental en su caracter.
La suya es una estirpe de mujeres fuertes y resistentes como la sabina, trabajadoras en el campo, en el negocio familiar y en casa también, por supuesto. Todas ellas han plantado su semilla que germinará cuando se den las condiciones oportunas, como la sabina, que puede tardar más de dos años en germinar. Nos recuerda Beatriu que todavía no se ha conseguido la paridad salarial entre mujeres y hombres por el mismo trabajo en ningún país del mundo. En el ámbito de la educación, que es donde ella desarrolla su tarea sindical, el que hay recortes para los centros públicos y decisiones que se consideran temporales para salir del paso y después se enquistan, como el delicado tema de las escuelas concertadas. Son tantos los frentes en los cuales toca luchar que hay que ser mujeres fuertes como las sabinas y mantenerse conectadas a través de una red de raíces que alimenta la comunidad, con un alcance mucho más grande del que vemos a ras del suelo. Agruparse, hacer comunidad, apoyarse unas a otras, resistir juntas, es el que Beatriu considera la fuerza de la sociedad y de las mujeres en especial. En un mundo donde el ruido mediático tiende a aislarnos, estar juntas, pensar juntas, trabajar juntas y organizarse es la única solución. Como el sabinar de Puebla de San Miguel, la relación de las sabinas entre ellas podríamos nombrarla como sororidad, sin rivalidades si no más bien de sosten y ayuda mutua.
En un artículo en el Diari La Veu un ocho de marzo dejó escrito: Tú, tú amiga, tú vecina, tú prima, yo… pensamos que nuestras libertades están garantizadas y que no pueden eliminarse? Pensamos que los poderes fácticos y la alianza criminal del capitalismo-patriarcado-colonialismo tienen alguna consideración hacia los derechos humanos en general y de las mujeres en particular? Pensamos, ni que sea un instante, que en el gran tablero geopolítico del mundo actual las trabajadoras tenemos algún valor? Y en la revista Saó nos recordó la huelga de las mujeres de la hilatura en octubre de 1902 en València: Un grupo de trabajadoras valientes y arriesgadas. Más de ciento cincuenta. Entre todas acuerdan que dejan de trabajar hasta que los patrones accedan a sus demandas. Justas. Justísimas, en superlativo literal, según publicaba entonces El Pueblo: diario republicano de Valencia. A saber: poder tener media hora para el almuerzo y cobrar la mitad de lo que recibía el peón hombre peor pagado. Tal cual. Acaban siendo cuatrocientas por las calles del barrio de Velluters. Porque trabajadoras otras fábricas textiles próximas también se añaden. Todas sufren las mismas pésimas condiciones laborales. Las hilanderas de la seda uniéndose ganaron que se reconociera el que pedían, un mínimo ciertamente, pero lo consiguieron.
Recordamos como contrapunto la novela Júlia, de la escritora Isabel-Clara Simó i Monllor, nacida en Alcoy, capital de l’Alcoià y situada a pocos kilómetros de Cocentaina. En la novela se describe la dura situación de las mujeres trabajadoras a través del personaje principal, Júlia, que se ve obligada a trabajar en una fábrica textil de Alcoy después de morir su padre en prisión a causa de haber participado a la nombrada Revolución del Petróleo. Aquella revuelta en Alcoy no tuvo un final feliz como tampoco el incendio del 25 de marzo de 1911 en Nueva York donde murieron 146 personas, la mayoría mujeres migradas provenientes de Europa. Ese incendio tuvo como consecuencia, además de dar a conocer las inhumanas condiciones en las que trabajaban, en que se diera mayor relevo en los sindicatos, particularmente a las mujeres del sector textil, núcleo del principal sindicato de los EE. UU.
Recordamos estos hechos cada 8M, en honor a todas las mujeres que lucharon antes por un mundo más justo. Tal como nos recuerda Beatriu Cardona, todavía hay mucho que hacer para llegar simplemente a una igualdad salarial por el mismo trabajo, contra la precariedad y la doble jornada, dentro y fuera de casa. Por eso pide la unión entre nosotras.
Las flores de la sabina no son vistosas, pasan desapercibidas allá arriba donde las ramas de un verde oscuro se levantan hacia el cielo dejando que sea el tronco el que nos deslumbra, especialmente a la luz de la luna, quien rige los ciclos del agua y de la sangre, del crecimiento de las plantas y también de nuestras uñas y cabellos. Rodeados de rocas, los sabinares parecen tan resistentes como la piedra, como una vez describió Rosa Roig a Beatriu “mujer de piedra” por su durabilidad, paciencia y resiliencia. Es la estabilidad de la lucha perenne, como la sabina, de hojas que no cambian con las estaciones, como la sabiduría mediterránea que se mantiene a lo largo de los siglos y dónde han ido arraigando los sabinares. Esperamos que estén siempre ahí para abrazarlas, respirar su aroma, aprender de su paciencia y reflejarnos en su luz.
Podéis lleer artículos de Beatriu Cardona i Prats en la revista Saó https://revistasao.cat/autor/beatriu-cardona-prats/
y la encontraréis en las redes como @BeatriuCardona








