Antonia Bueno
Generadora de mirada. Una mujer de teatro
- Arte, Artes escénicas
Invitamos a Antonia Bueno Mingallón a realizar la dinámica del árbol. Ella es actriz, dramaturga y directora de teatro, el lugar desde donde trabaja desde hace años es Burjassot, aunque nació en Madrid. Su interés como escritora de obras teatrales se ha centrado en sacar de la niebla del olvido a mujeres situadas en los márgenes de la historia, personajes secundarios a los que ella ha dado el protagonismo. Como Sancha, Raquel y Zahra, tres mujeres y tres historias antiguas y actuales que no nos dejan indiferentes.
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Me llamo...
Antonia Anunciación Bueno Mingallón.
Nací el día...
1 de febrero del año 1952,
y si fuera un árbol, sería...
una jacaranda.
¿Por qué?
Porque viviría en el sur, en algún lugar como Brasil, el país de origen de la Jacarandá TODOSí, en su lugar natural produce dos floraciones. Yo viví un tiempo allí y me encontré como en casa. Pero también me siento florecer en Valencia, mi tierra de acogida. Quizá porque además del clima cálido ambas son tierras musicales.
Las raíces de la jacarandá son extensas pero no invasoras, buscan el agua y, al tiempo que crece por abajo, se desarrolla hacia arriba buscando la luz. Cuanta más profundidad y más humedad, más altura.
De color grisáceo claro cálido, suave de joven y de corteza más dura a medida que pasan los años. Nos vamos curtiendo con la edad, a base de soles y tormentas que sufrimos y superamos.
Lo más espectacular son mis flores que aparecen en primavera antes que las hojas, que han caido en otroño. Puedes comparar mi copa con una carpa de color azul- morado que tamiza la luz del sol y a cuya sombra puedes soñar.
Para florecer dos veces al año, en mi vida no puede haber estaciones sino una larga primavera. ¡Por eso soy tan prolífica! Me inspiran la luz, el calor y la música Mi terraza está repleta de flores y plantas que me acompañan.
Mis raíces, como las de la jacarandá, son extensas pero no invasoras, buscan el agua y, al tiempo que crece por debajo, se desarrolla hacia arriba buscando la luz. Cuanta más profundidad y más humedad, más altura. Una metáfora perfecta para la cultura, hay que mirar mucho, leer mucho, escuchar mucho para poder crear otro tanto. Yo eché mis raíces primero en el Barrio de Las Ventas de Madrid y de ahí a Burjassot, Brasil y medio mundo. Conforme he extendido mis raíces he crecido como persona. Quizás soy algo imperativa porque creo que es importante darse a ver, por ello elegí los escenarios, las plazas, los auditorios y las calles. Ver y darse a ver, he ahí el secreto de mi jacarandá
Mi tronco de color grisáceo claro cálido, suave de joven y de corteza más dura a medida que pasan los años. Nos vamos curtiendo con la edad, a base de soles y tormentas que sufrimos y superamos. Pero sigue siendo de tono cálido, todo es cálido en la jacarandá y, en su justa medida, no es tóxica, si no alimento para los animales salvajes. Mis flores son de color violáceo y en ellas se crían pulgones y cochinillas. Todos los bichos son importantes en la naturaleza. A veces los humanos nos comportamos peor, la dichosa envidia nos hace competir por migajas cuando si aprendiéramos a vivir en simbiosis nos ayudaríamos a crecer. Sí, lo más espectacular son mis flores que aparecen en primavera antes que las hojas, que han caido en otroño. Puedes comparar mi copa con una carpa de color azul- morado que tamiza la luz del sol y a cuya sombra puedes soñar.
Como el teatro, la jacarandá es beneficiosa para la salud. Sus infusiones son antiinflamatorias y tienen propiedades saludables para el buen estado de la piel. Así que necesitamos de la jacarandá y del bosque entero para cuidar de nosotras y del planeta.
¿Qué camino ha recorrido Antonia para llegar a ser esta grande y hermosa jacarandá que es hoy?
Sí, ahora es un referente para las nuevas generaciones de dramaturgas, cuando empezó lo hizo con fuerza: en el año 1979 creó el Teatro Girigai del que fue co-directora durante veinte años, hasta que crea su propia compañía en el años 2000.
Pero no se crea una compañía desde la nada, ella se preparó como actriz, estudió tragedia griega, acrobacia, se preparó en la Commedia dell’Arte italiana, estudió máscara contemporánea… pero todo empezó en un barrio periférico de Madrid allá por los años cincuenta y en un instituto filial del Beatriz Galindo donde se impartía el bachillerato laboral.
El caso es que monjas seglares inculcaron en Antonia la importancia de pensar, organizarse, escuchar y preparar discursos, los cuadros sinópicos y la higiene es fundamental, lema que escuchaba una y otra vez. Se preparó en mecánica y electrónica (cosa que le vino bien después para montar escenarios) y la línea pedagógica del instituto era la de Rudolf Steiner y las escuelas Waldorf, una enseñanza de élite en un barrio obrero, la escuela que se perdió en la II República y que aparecía en los lugares más recónditos del país, barrios obreros y pueblos recónditos.
Estos fundamentos se expandían los domingos en el Hogar Parroquial donde Don Isaías tocaba el piano e improvisaba un guateque para los jóvenes y obras de teatro en las que Antonia se estrenó como actriz. También había que cuidar la voz y Antonia se inició en el canto en el Coro del Ministerio del Ejercito en Moncloa. A Antoñita de Triana, como la llamaban las primas y amigas, le encantaba cantar, el Barquerito del oro era su actuación estelar. Ante el público, cantando y actuando, se disipaba su timidez. Quién lo diría, Antonia la tímida.
Antonia me habla de su miedo social, disfrutaba en la escuela pero el recreo era una tortura, prefería encerrarse en el cuarto de baño hasta que sonaba el timbre para volver al aula. Existe pues una idea errónea sobre las actrices y su alto poder de sociabilidad. Nada más lejos en el caso de Antonia Bueno.
Los años setenta fueron años de compromiso político y allí estaba Antonia formando parte del grupo de poesía Acequia y del Teatro Barrio Obrero TBO, protestando por la falta de vivienda social y por la situación de las mujeres entonces bajo la tutela todavía de maridos y padres. Al respecto de esto último, organizaron un desfile de modelos protesta. Muchas veces actuaban en centros vecinales y en iglesias, pero aún así la policía les acordonaba.
Tras el instituto estudió magisterio y publicidad, lo que le ha servido para enseñar y para llevar los asuntos de marketing de su compañía. Un aprendizaje que la ha convertido en una mujer de teatro de la raíz a las ramas… Pero la lucha ha sido dura, pues no se la veía, hasta que cumplió los cincuenta no se la empezó a reconocer en su valía como dramaturga y directora escénica. El éxito empezó con La Celestina y ya no ha dejado de cosechar reconocimientos y premios.
Aun así Antonia reconoce que a veces tiene miedo, mucho miedo, sigue enfrentándose a miedos que parecieran superados con el paso del tiempo, pero no. Antonia lucha por renacer a cada tropiezo, que han sido muchos. Lo más triste para ella fueron los tres abortos espontáneos que sufrió mientras trabajaba. Pero también la ruptura con su pareja que acabó con la venta de parte del Teatro Girigai. Siempre asociará dicha ruptura con la caída del muro de Berlin, 1989… seguida de juicios que desembocaron en la separación definitiva tras una trayectoria de veinte años.
Pero de la tragedia se aprende y ahora dirige un taller de teatro para gestión de conflictos a través del juego dramático.
El crecimiento de Antonia como el gran y hermoso árbol que es como jacarandá, sigue la búsqueda de su voz propia, no la narrada por otros, por ello a veces la llaman invasiva cuando es persistente en la búsqueda de agua y alimento, por eso se acercan a ella almas libres y salvajes, de las que ella también se nutre en lo nunca antes escuchado… Hay que prestar oído para escuchar y encontrar la voz inédita que inspira otras voces. Para ello fundamental es lo que Antonia nos dice: si no valoramos nuestra propia historia personal, ¿cómo nos van a tener en cuenta? Lo que se ve de nosotras es la punta del iceberg, esto lo llamamos texto en teatro, el resto, la parte más grande y más importante es el subtexto del personaje, las aguas subterráneas, las raíces podríamos decir aquí, que como las de la jacarandá recorren el mundo, pero que no se oyen ni se ven, como por la cabeza me pueden estar pasando ahora mil cosas que no se ven…








