Alexandra Cortés

Mujer de Hierro. Un nuevo modelo de empresaria

La equidad, el compromiso, la colaboración, la flexibilidad, la cercanía y la empatía son conceptos que se repiten como palabras clave superficiales, que suenan bien en el dossier de presentación de cualquier empresa en el apartado de “valores”. Alexandra no lo ve así, el apelativo de “mujer de hierro” no se le aplica en recuerdo de Margaret Tacher, todo lo contrario, por ser una empresaria que trabaja en un entorno muy masculinizado y no le tiembla la mano al imponer los valores de colaboración, equidad, empatía y compromiso con los trabajadores y trabajadoras de la empresa. 

Para conseguir aplicar sus principios tuvo que negociar con su padre, el fundador de la empresa familiar: o dirijo yo a mi manera o sigues tú y yo me retiro. Esas fueron las palabras de Alexandra a su padre y su padre le cedió la dirección completamente y con plena confianza. Quizá con la duda en el pensamiento al principio, dada la juventud de la hija, pero que superó en un gesto que no suele suceder en las empresas familiares cuando se hace imprescindible el cambio generacional: toda tuya… Y con 28 años Alexandra asume la dirección de la empresa de hierros y ferralla La Pobla. 

Nuestra dinámica del árbol nos va a ayudar a seguir los pasos que llevaron a nuestra mujer de hierro hasta el momento actual en el que ha impuesto un estilo, no solo a su empresa sino a todo el sector de hierros y ferrallas creando un clima de colaboración contra la competición y la lucha (a veces sucia) que imperaba hace unos años. 

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Me llamo...

Alexandra Cortés Klopf

Nací el día...

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y si fuera un árbol, sería...

el tilo

¿Por qué?

porque bajo él se reúne la gente a conversar. Esa es la primera imagen que le viene a la memoria al pensar en el tilo, gente reunida en buena armonía sentada en bancos de madera y charlando de la vida. Dicha estampa la acompaña desde su infancia en Alemania cuando iba a visitar a la familia materna, los Klopf.

La imagen del árbol elegido por Alexandra encaja perfectamente en la nueva imagen del sector, de la que ella ha sido elegida como representante por unanimidad: el tilo. 

La primera justificación de por qué elige este árbol para representarla es porque bajo él se reúne la gente a conversar. Esa es la primera imagen que le viene a la memoria al pensar en el tilo, gente reunida en buena armonía sentada en bancos de madera y charlando de la vida. Dicha estampa la acompaña desde su infancia en Alemania cuando iba a visitar a la familia materna, los Klopf. 

El tilo destaca como un claro acogedor rodeado de bosque frondoso. De todo él emana un aroma de armonía que calma y permite el diálogo pausado y pensado: su madera es olorosa, pero también sus pequeñas flores y sus hojas. El fruto casi pasa desapercibido porque todo en el tilo es fructífero. Su aroma se extiende gracias al viento y su paz es contagiosa. 

Paz que no significa desentenderse y aislarse, si no todo lo contrario, reflexión, compromiso y trabajo. No por casualidad las raíces y el tronco del tilo son robustas, por lo que puede vivir hasta casi 1000 años y alcanzar el metro de diámetro. Muchas generaciones pueden beneficiarse de la sombra del árbol si hay un relevo asumido como natural y el coloquio se asume como parte imprescindible y deseada. Así las raíces de Alexandra asumen la conexión entre culturas, viviendo en Valencia y asistiendo al Colegio Alemán. A los 18 consigue un contrato de formación en la empresa SIEMENS en Alemania y con 20 empieza en Madrid su carrera de empresariales. Tras ello obtiene la título de Bachelor Bussines en Irlanda y tras ello monta una start-up en Francia: un batacazo que me vino muy bien, nos dice. 

Tras diez años formándose para llevar una empresa y con experiencias positivas y negativas en su haber, se siente fuerte para extender sus ramas y florecer.   El tilo puede llegar hasta los 40 metros de altura, como ya hemos dicho, sus hojas, sus flores y sus frutos son todos aromáticos y no solo eso, también tienen propiedades curativas. 

Al igual que Hildegarda de Bingen curo la diabetes de muchas personas bebedoras de cerveza al añadir lúpulo a la bebida, así Alexandra ha “curado” una atmósfera agresiva empresarial aportando la calma necesaria para poder dialogar y llegar a acuerdos beneficiosos para todo el sector. Ha demostrado que con la colaboración ganamos todos. 

Pero no descubrió este principio en sus estudios, sino en su experiencia profesional y vital, pues no los contempla como áreas separadas, su vida es su empresa y su empresa con todas las personas que la componen, es su vida. Se define como una mediadora natural, los conflictos están para resolverse y son fuente de crecimiento. La filosofía que más la ayuda es, según nos dice, el estoicismo y la ética del esfuerzo, pero también la han ayudado sus lecturas sobre inteligencia emocional y autores como Ken Coleman y su “principio de proximidad”. 

Los tilos son muy visitados por las abejas, por lo que los poderes curativos pueden viajar lejos y polinizar otros árboles, otras empresas podríamos decir en esta caso. La mejor lección es la del ejemplo y Alexandra es un ejemplo de empresaria exitosa con otros principios distintos a los tradicionales que justifican incluso la humillación en aras del beneficio. La fuerza de Alexandra radica en su actitud conciliadora y firme en sus principios: crear un equipo convencido de los valores de la cooperación. No es una utopía, las hojas de los tilos crean un humus a sus pies rico en nutrientes de los que se beneficia la tierra. Es lo que necesitamos, tierra fértil para conseguir una hermosa arboleda a cuya sombra podas sentarnos a dialogar.